Más de 300 romeros pertenecientes a la Hermandad del Rocío de Palomares del Río llegaban con gran alegría y un cúmulo de sentimientos hasta uno de los lugares más emblemáticos del camino: el Vado del Quema, donde se ha producido el bautizo de los nuevos romeros. La fe y devoción que sienten hacia la Virgen del Rocío y las ganas de llegar hasta su santuario para postrarse ante su Imagen hacen más intenso, si cabe, el momento.
José Casado, hermano mayor de la Hermandad del Rocío de Palomares del Río, ha indicado que el camino tiene este año un matiz especial al ser el último que afronta con este cargo aunque dijo hacerlo con mucha ilusión, emoción y, sobre todo responsabilidad. Asimismo aseguraba que, a pesar de los años de experiencia “preparar el camino es cada año distinto y no hay ningún camino igual”.
Entre los romeros, se encontraba el alcalde de Palomares, Manuel Benjumea que recalcaba la “emoción, las ganas y el sacrificio” con el que afronta la Hermandad el camino. Benjumea aseguraba que “no hay ningún camino igual y este año será especialmente bonito y emotivo al poder vivir la romería al completo acompañado con la familia”. En ese sentido, señalaba que en el camino no hay cargos y se hace como un rociero más. “Son momentos muy especiales donde se unen muchos lazos, se crea identidad palomareña, y se fomenta una convivencia muy bonita y emotiva”.
Benjumea ponía en valor las tradiciones y hacía una apuesta clara para mantenerlas, fomentarlas y que pasen de generación en generación, algo en lo que la Hermandad y todos los vecinos juegan un papel fundamental.
Entre los momentos más esperados y destacados de la travesía, el alcalde ha señalado la salida de Palomares del Río, el paso por el Vado del Quema, un rito ineludible donde se renueva la fe, la llegada a Villamanrique y, por supuesto, la presentación ante la Blanca Paloma en su aldea.
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