Real Maestranza de Sevilla
Morante desata la locura colectiva y sale por la Puerta del Príncipe en la corrida del Corpus
Cuando al final del festejo el torero de La Puebla del Río atravesaba la Puerta del Príncipe arropado por una turba de incondicionales, no solo estaba saliendo un torero en hombros, estaba saliendo un movimiento llamado morantismo.
Hace unos años ya existían los morantistas, que no eran otros que los partidarios acérrimos del cigarrero que lo seguían por todas las plazas en las que actuaba y que lo defendían a capa y espada siempre, estuviera bien o mal. Pero lo de ahora es ya una auténtica religión, a todo el mundo le gusta Morante y todos son sus partidarios. Da lo mismo la edad, sexo o condición, el caso es que Morante de la Puebla ha reventado las costuras del toreo y el morantismo se ha convertido en un movimiento social.
Para llegar a este punto Morante no ha inventado nada. Ni ha pagado a youtubers, ni tiene jefe de prensa, ni perfiles en las redes sociales, y mucho menos ha tenido que salir de su zona de confort, como diría algún coaching… Solamente ha hecho algo tan difícil como explotar el arte que traía de nacimiento, combinarlo con una técnica adquirida a lo largo de toda su trayectoria y sacar a la palestra todos sus conocimientos de las tauromaquias de los buenos toreros que le precedieron. Y con todo esto, que no es poco, ha llegado a alcanzar su cima.
Los dos toros que ha lidiado esta tarde posiblemente en otra época no le hubieran servido, y sus seguidores, los morantistas iniciales, lo hubieran justificado. Pero ahora eso ya pasó. Ahora a Morante le valen casi todos los toros, y además los torea bien. Y eso llega como un calambrazo al graderío, que es lo que ha pasado en este día del Corpus sevillano. Morante ante dos toros mediocres, ha dejado dos faenas de mandón del toreo.
Al primero de Garcigrande, que sustituyó a un inválido de García Jiménez, con el capote solo pudo dejarle alguna buena verónica por el izquierdo. Y con la franela tuvo la virtud de no dejarlo enganchar, asunto que lo violentaba. Aprovechó las inercias y en una de ellas le dejó un cambio de mano de los de ahí queda eso. Luego lo mató de una estocada tirándose de verdad, y la oreja, muy justa para el conjunto, cayó de seguido.
Pero en el cuarto lo que cayeron fueron dos. Claro, tenía su lógica, si el listón de exigencia se empieza a poner fácil en el primer toro, en este que el trasteo tuvo mucha mayor envergadura y que sí que era de oreja de las de verdad, a ver quien era el guapo que frenaba la petición y no concedía el doble trofeo. Por supuesto el señor presidente no tenía en sus planes complicarse la vida esta tarde, por lo que esta vez sí, la ansiada Puerta del Príncipe estaba asegurada. Previo a todo eso, Morante había dejado otro trasteo pleno de frescura. Donde los pases de pecho emergían de remate de las series con majestuosidad. Con muletazos siempre de trayectorias curvas y hacia dentro. Plenos de torería y todo contundente, sin espacios muertos, ni huecos que restaran profundidad. Hubo trincherazos, molinetes, pases de costadillo y estatuarios, además del toreo fundamental en redondo por las dos manos, todo muy arrebujado, todo muy de verdad.
Y eso no solo solivianta a los seguidores fieles. Eso remueve a todo el mundo, y eso hizo que al final del festejo lo llevaran hasta el hotel como si de una romería se tratara, escoltado por la policía y deteniendo a la procesión de San Isaías que de vuelta, y por la calle Zaragoza, tuvo que cederle el paso a Morante que también iba ya de recogida.
Por lo demás, los toros lidiados de la familia Matilla y Garcigrande estuvieron mal presentados, con varios ejemplares anovillados y que no tenían el trapío suficiente para la Maestranza. Y puestos a pensar, ¿cómo serían los otros siete que rechazaron en los reconocimientos veterinarios previos…?.
Juan Ortega a su primero solo le pudo sacar un par de series al natural, con muletazos de uno en uno, pero muy profundos y templados. También hubo un par de cambios de manos muy sentidos y que llegaron. Mató a la segunda y todo quedó en saludos.
Con el quinto, Ortega no pudo pasar de aseado. Ni el toro sirvió, ni él tampoco se dio mucha coba, total el toro no valía un duro.
Pablo Aguado estuvo entonado. Ya demostró su disposición en el saludo a portagayola con un farol al tercero de la tarde, al que unió a unas verónicas a pies juntos muy lentas y que pusieron a los aficionados en pie. Luego con la muleta siguió con las ganas de agradar. El comienzo fue prometedor por estatuarios, un molinete y pases por bajo. Pero el toro era rebrincadito y al trasteo le empezó a faltar ajuste y profundidad, por lo que todo terminó diluyéndose.
FICHA DEL FESTEJO
Jueves 4 de junio mayo de 2026. Festividad del Corpus Christi. Plaza de toros de la Real Maestranza de SEVILLA. 20º festejo de abono. Corrida de toros. Lleno de “No hay billetes” y calor soportable.
Cuatro toros de HERMANOS GARCÍA JIMÉNEZ (1º devuelto por inválido, 2º, 4º y 6º), uno de OLGA JIMÉNEZ (3º) y dos de GARCIGRANDE (1º bis, sobrero, y 5º), todos de procedencia Juan Pedro Domecq, mal presentados, con poco trapío y de poco juego en líneas generales. Mansos, faltos de raza y de fuerzas.
MORANTE DE LA PUEBLA (calabaza e hilo blanco): estocada (oreja); estocada desprendida (dos orejas).
JUAN ORTEGA (berenjena y oro con remates negros): pinchazo y estocada (saludos); estocada (silencio).
PABLO AGUADO (tabaco y oro): pinchazo y estocada desprendida (saludos); estocada baja (silencio).
Cuadrillas:
Picando destacó Espartaco (6º).
Lidiaron bien Juan José Domínguez (4º) y Jorge Fuentes (5º).
Con las banderillas se desmonteraron Iván García y Sánchez Araujo (3º).
Presidencia:
José Luque Teruel, generoso en la concesión de trofeos y generoso en dar el visto bueno al encierro a lidiar por la tarde.
Observaciones:
Antes de deshacerse el paseíllo sonó el Himno Nacional y tras él saludaron a una ovación los tres toreros anunciados.
Las bocanas de los tendidos estuvieron engalanadas con guirnaldas naturales.
Al final del festejo Morante de la Puebla salió por la Puerta del Príncipe y fue llevado de esta guisa hasta el hotel.
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